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2 nov. 2010

Sin tetas no hay paraíso - Gustavo Bolívar Moreno

A sus catorce años, Catalina asoció la prosperidad de las niñas de su barrio con el tamaño de sus tetas. De modo que quienes las tenían pequeñas, como ella, debían resignarse a vivir en la pobreza.

Por eso se propuso, como única meta en su vida, conseguir a cualquier precio el dinero para implantarse un par de tetas de silicona, capaces de no caber en las manos abiertas de hombre alguno.

Llegué a este libro por medio de la serie colombiana, en la tele, la adaptación fue un poco suavizada, ya que Catalina tenía 17 años en lugar de 14.

Es una historia que cuesta creer, es real. Cosas que pasan en Colombia y en menor grado en otros países, muchas veces producto de el descuido de los padres para con sus hijos en etapas tan importantes como la adolescencia.